Díaz Sánchez, Pilar
"Balance de los estudios sobre el trabajo de las mujeres en la España Contemporánea"
[Díaz Sánchez, Pilar]
Balance de los estudios sobre el trabajo de las mujeres en la España Contemporánea.
Los estudios que tratan el tema del trabajo de las mujeres han despertado un gran interés de los historiadores/as, sobre todo desde hace algo más de una década y se han centrado de forma especial en los siglos XIX y XX. Esto se debe en gran parte a que las fuentes más abundantes para periodos más remotos de la historia, están relacionadas con mujeres de relevancia social o política y no de las capas sociales menos favorecidas que son precisamente las que desempeñan el común de los trabajos. Así por ejemplo tanto en Grecia, como sobre todo en Roma, la mayoría de las fuentes hacen referencia a mujeres patricias o esposas de emperadores y sólo de una manera tangencial se refieren a mujeres plebeyas o esclavas, que eran las que soportaban las mayores cargas laborales. Lo mismo se puede decir de la Edad Media en donde los gremios prohíben el trabajo femenino y sólo lo admiten de forma subsidiaria. De este modo el trabajo que más ha sido estudiado es precisamente aquel del que las historiadoras/es tienen mayores argumentos documentales, sobre todo relacionados con el carácter asistencial que la sociedad mejor tolera, tales como los oficios de comadronas, sanadoras o más tardíamente, instructoras de párvulas. En ocasiones estas tareas se disfrazan de caridad o filantropía, sobre todo cuando lo desempeñan las mujeres de clases superiores rehuyendo la semejanza con las más humildes que se ven obligadas a ganarse un jornal. Ësta es también otra causa de la falta de datos fehacientes sobre el trabajo femenino que condiciona el escaso conocimiento del mismo .
En el medio rural las faenas agrícolas han tenido tradicionalmente un carácter familiar, en donde la actividad desarrollada por las mujeres se diluye con facilidad. Aquí las mujeres han desempeñado siempre los trabajos más repetitivos y duros para los que no se requiere el uso de herramientas específicas, tales como la recogida de las cosechas, escardar, vendimiar, varear aceitunas, etc...
Por otro lado los trabajos de mayor envergadura desempeñados por las mujeres son aquellos que se desarrollan en el interior de los hogares, es decir el trabajo doméstico y el trabajo a domicilio, ninguno de los cuales tiene una presencia documental real, teniéndose que recurrir siempre a estimaciones más o menos fiables.
El trabajo de las mujeres se hace visible para la sociedad cuando salen del recinto familiar y acceden a las fábricas, es decir de la mano de la Revolución Industrial y la aparición de la industria fabril. Es entonces cuando se visibiliza la presencia de las mujeres en la producción social y por extensión se comienza a tener en cuenta otras ocupaciones, comenzando de este modo a relacionar a las mujeres con todo tipo de actividades laborales, sean éstas remuneradas o no. Curiosamente la aceptación del trabajo femenino viene apadrinado por la actividad de las mujeres de clase media, que se inician en distintos oficios en el siglo XIX y que da lugar a la generalización de la idea acerca "de la incorporación de las mujeres al trabajo", obviando la actividad laboral de las mujeres de clases bajas que han trabajado siempre. Esto que es un fenómeno extendido en toda Europa, tiene una peculiaridad propia en España en donde el retraso económico, la escasa industrialización, localizada en Cataluña y provincias vascongadas, y el poder paralizador de la Iglesia Católica, actúan de freno a cualquier cambio social protagonizado por las mujeres.
Para abordar el estudio sistemático del trabajo de las mujeres en España las historiadoras (en menor medida se han ocupado del tema los historiadores), han recurrido en general a formulaciones teóricas foráneas, al escasear estudios de este tipo en nuestro país. De ahí que el libro de BORDERIAS y CARRASCO (1994) haya supuesto un hito decisivo en este sentido y cumpliera la función de acercar el debate conceptual que se estaba realizando fuera de nuestras fronteras a la investigación española.
Se puede decir que en la década de los setenta comienza a publicarse en España trabajos relacionados con el tema de la actividad laboral de las mujeres intentando sumarse a la corriente que impera en Europa. Durante esta década todo lo referido al tema está inmerso en una discusión que tiene que ver con la "doble militancia". La discusión se centra en la necesidad o no de mantener una lucha a favor de la igualdad de las mujeres fuera del movimiento político ya existente. Como en España la prioridad era la lucha contra la dictadura y la transición democrática, la confluencia de todas las fuerzas políticas en este empeño, hace que esta polémica se viva de forma más mitigada. Por eso los temas a tratar toman los conceptos, sobre todo del marxismo, para explicar la situación de explotación de las mujeres("modo de producción doméstica" supeditado al "modo de producción capitalista") El trabajo de las mujeres se estudia desde el punto de vista de la sobreexplotación, tomando como referencia el trabajo de los varones.
En los años finales de los setenta y década de los ochenta se empiezan a estudiar la especificidad del trabajo de las mujeres, superando la idea de modelo único masculino en el que se incluye el de las mujeres. Cabe hablar, utilizando un término de Cristina Borderías, feminización de los estudios de mujeres. La expresión feminización proviene del feminismo de la diferencia que utiliza la expresión feminización de la sociedad para designar la superación de categorías de análisis masculinos, pretendidamente neutrales, y pasar a utilizar categorías de análisis nuevas que valorizan el trabajo de las mujeres. Así mismo se comienza a valorar el trabajo de las mujeres en la familia y de este modo se pone de manifiesto que la organización familiar en un lugar de socialización donde se gesta una cultura de trabajo, una ética y unos aprendizajes de los que las mujeres son las primeras beneficiarias y gestoras de lo que hoy se da en llamar "trabajos de servicio", un valor en alza y que tiene que ver con el papel de las mujeres como mediadoras de conflictos, relaciones personales, etc....
En la década de los noventa las historiadoras dan el salto hacia el estudio de trabajos más específicos desempeñados por las mujeres con la idea de incorporarlo al acervo histórico general de España; tarea ésta todavía pendiente en su mayor parte.
Los distintos encuentros entre las personas interesadas en el tema han dado lugar a una confrontación de pareceres y a un debate que no obstante ha sido muy fructífero en cuanto al avance teórico y práctico. Se pueden señalar tres momentos claves en nuestro país, en primer lugar el foro que dio lugar a la publicación de "El trabajo de las mujeres en España s. XVI-XX" en las JORNADAS INTERDISCIPLINARIA SOBRE LA MUJER, 1987, en donde se realiza una primera revisión del tema del trabajo y el tiempo, así como una caracterización del trabajo femenino y de los trabajos "feminizados". El segundo encuentro importante fue el del Congreso de Málaga y la consiguiente publicación de RAMOS PALOMO, Mª D. y VERA BALANZA, Mª T., (1996) El trabajo de las mujeres, pasado y presente, adquiriendo una especial relevancia los aspectos metodológicos y la disyuntiva entre el trabajo productivo y el reproductivo, el modo de producción doméstico y en general toda la conceptualización que se va a generalizar en los años posteriores. Y en último lugar debemos destacar el encuentro en Barcelona en las Jornadas de 2001 cuya publicación posterior lleva el título de: Tiempos, trabajos y género. En él se enfrentaron desde la perspectiva de la historia, la economía, la geografía o la sociología nuevos enfoques teóricos y categorías analíticas que dan un nuevo valor a los términos "trabajo" o "tiempo" desde la óptica del género .
Partiendo de la representación histórica conviene recordar estudios que han sido pioneros en el tema del trabajo de las mujeres, enfrentándose a la cuestión desde distintas disciplinas y enfoques. Se impone una revisión de este tipo porque, haciendo un balance, resulta descorazonador observar como existe una tendencia a partir siempre de cero, a no tener en cuenta los estudios llevados a cabo por las propias científicas sociales y a constatar la resistencia en asimilar estudios precedentes aceptando el magisterio de aquellas que marcaron, a veces con gran esfuerzo, un camino. En esta dirección debemos comenzar citando los trabajos pioneros de Mª Ángeles DURÁN, desde la perspectiva de la sociología, cualitativa (y últimamente cuantitativa). Tanto El trabajo de la mujer en España. Un estudio sociológico, de 1972 como La jornada interminable, de 1986, o De puertas adentro, de 1988, han sido publicaciones definitivas para destacar, sobre todo, el peso del trabajo doméstico y la importancia en el computo total de la productividad laboral de un país. Lo mismo cabe decir de la obra de CAPEL MARTÍNEZ, R. M., (1982) El trabajo y la educación de la mujer en España, que había obtenido el Premio Nacional "María Espinosa" de 1980, para la modalidad de Tesis Doctorales y que supuso un impulso muy importante para estudios posteriores. Mary NASH (1983) desde la Universidad de Barcelona también estaba realizando una labor de promoción en los estudios de género . Dentro de la sociología, debemos destacar el papel que el Instituto de la Mujer ha tenido durante la década de los ochenta y noventa, potenciando los estudios sociológicos sobre el trabajo de las mujeres; uno de los primeros en enfrentarse al tema fue CASAS: La participación laboral de la mujer en España, de 1987,) y también (1987):"Bases teóricas para el análisis laboral de la mujer", en El trabajo de las mujeres . Y todavía en este terrero, en concreto de la sociología cuantitativa, hay que señalar el trabajo de GARRIDO publicado en 1992 y titulado Las dos biografías de la mujer en España.
A partir de la década de los noventa se acusa un enfoque interdisciplinar a la hora de estudiar el tema del trabajo. Abordar el estudio del trabajo, es decir el análisis de las relaciones sociales del trabajo, empuja a utilizar metodologías propias de disciplinas como la historia, la sociología, la geografía, y de forma colateral la antropología y la arqueología industrial, ya que todas aportan el utillaje analítico necesario para entender la organización, las relaciones, las actitudes y la cultura laboral.
Se impone la necesidad de complementar las disciplinas desde un punto de vista empírico y metodológico y que esto a su vez provoque una revisión continua de los argumentos científicos, obligando a plantear el valor de las fuentes históricas y buscar vías alternativas que no encorseten la visión de los procesos históricos objeto de estudio. Un caso paradigmático puede ser el de Paloma CANDELA en su estudio sobre las cigarreras madrileñas ya que une una actividad que tiene sus raíces en. el siglo XIX desde un enfoque histórico y sociológico.
En esta misma línea de interdisciplinaridad surge en la década de los noventa el interés por el estudio del tiempo, abordado desde distintos puntos de vista y comprometiendo en el análisis cada vez más a un colectivo amplio de investigadores/as. Tanto el tiempo, como el espacio son aspectos que se pueden emprender desde perspectivas puramente teóricas tanto como prácticas, dando voz a arquitectas, geógrafas, urbanistas, filósofas, sociólogas y un largo etcétera. La delimitación de los distintos tiempos de las mujeres da lugar a la especificidad de las actividades laborales: tiempo de dedicación al trabajo de atención familiar, o tiempo de cuidado, tiempo de trabajo salarizado y tiempo de ocio. El interés por el tema del tiempo, que recoge ese carácter inderdisciplinar que recorre todos los ángulos de estudio, se importa de Italia y Francia, sobre todo. Las ideas de Laura Balbo acerca de la "doble presencia" de las mujeres habían tenido aquí un gran eco gracias a las traducciones de la autora en distintas revistas españolas. En general podemos decir que las formulaciones italianas tienen una difusión mayor en nuestro país que las de otras colegas europeas. El estudio del tiempo desde una perspectiva de género permite definir este término en algo más que un horario laboral. El tiempo de cuidado (lavoro di cura) se presenta como una nueva forma de evaluar el tiempo de trabajo. Mª Ángeles Durán ha sido quien con más dedicación ha trabajado el tema tanto en La jornada interminable, (1986) como en el informe europeo titulado The future of Work y más recientemente con su aportación al recopilatorio de C. CARRASCO (2001) titulado "El análisis de exhaustividad en la economía española", haciendo un enorme esfuerzo por cuantificar la actividad laboral femenina a la vez que cuestiona la validez de las fuentes de análisis; además se debe señalar los estudios pioneros en esta línea de, IZQUIERDO (1988), RAMOS, R. (1990), PRIETO (1994), entre otros, y que desde distintos puntos de vista plantean un uso del tiempo distinto para hombres y para mujeres. La Universidad de Málaga y el Instituto Andaluz de la Mujer firmaron un convenio en 1996 para realizar una investigación acerca de los usos del tiempo que se materializó en un interesante libro dirigido por la Profa. Mª D. Ramos. Este ambicioso proyecto se baso en encuestas (más de dos mil) realizadas a mujeres de distintos ámbitos sociales y económico y se obtuvieron los primeros resultados serios a nivel regional en España. Los análisis contables tienen un refrendo con las fuentes orales ya que resulta común recoger testimonios de mujeres trabajadoras en donde reivindican tiempo para ellas mismas, y conseguirlo es la causa principal de la movilidad laboral en muchos casos; es lo que algunas autoras han denominado "hambre de tiempo".
Al igual que el tiempo los espacios adquieren nuevo sentido cuando se estudian desde la perspectiva de género. Se han dedicado a este tema simposios y coloquios en donde se ha debatido el tema desde distintos enfoques epistemológicos , merece la pena citarse las IV JORNADAS DE INVESTIGACIÓN INTERDISCIPLINARIA organizadas por el seminario de Estudios de la Mujer de la Universidad Autónoma de Madrid, 1986, las Jornadas sobre el espacio según el género, ¿un uso diferencial? en 1994, Universidad Carlos III de Madrid, y más recientemente el SIMPOSIO Mujeres y espacios urbanos: historia y realidad actual, Facultad de Gª e Historia, Universidad Complutense de Madrid.
TEMÁTICA ABORDADA .-
Hasta aquí hemos tratado de presentar un sucinto repaso al tema del trabajo de las mujeres desde una perspectiva teórica, a partir de ahora vamos a tratar de mostrar las líneas temáticas que más interés han despertado para las investigadoras/ es, tratando de resaltar aquellos trabajos que por uno u otro motivo han ido marcando un camino a seguir.
Aunque no hay demasiados estudios a nivel general que se centren en la temática laboral tenemos que citar el de CAPEL, R. (1986): Mujer El trabajo y la educación de la mujer en España (1900-1930), que supuso un punto de partida esencial y que tenía ese carácter generalizador que tanto facilita futuras aproximaciones. También el de MARTÍNEZ VEIGA, (1995): Mujer, trabajo y domicilio, salió al mercado en un momento en que hacía falta una visión desde la antropología social..
De forma más particular debemos señalar los estudios sobre legislación laboral; primero fue el de FALCÓN (1965): Los derechos laborales de la mujer, en un momento clave, el de NÚÑEZ con aportaciones como "Gestación de la primera Ley de Regulación del Trabajo de las Mujeres" en las VI JORNADAS DE INVESTIGACIÓN INTERDISCIPLINARIA y por último los estudios de Rosario RUIZ FRANCO sobre el alcance de la legislación laboral en el Franquismo .
Existe una actividad laboral, que recorre los sectores Primario y Terciario que desempeñan de forma específica las mujeres, que recoge lo que podríamos denominar "trabajos de mandil", comprendiendo el servicio doméstico, las nodrizas, empleadas de comercio, etc..., que al librarlo expresamente las mujeres adquiere un carácter asistencial y descualificado en el que el mandil o el delantal, contribuye a reforzar ese perfil.
De entre todos ellos el servicio doméstico es el que más interés ha despertado por razones obvias. Se ha enfocado desde distintos puntos de vista, sobre todo desde la disciplina económica y es el oficio que ha empleado mano de obra femenina de forma más contundente. Se debe distinguir el desempeño de las tareas domésticas según esté salarizado o no.
El oficio de las denominadas "empleadas de hogar", "criadas" o " empleadas de servicio doméstico" es el más extendido entre la población trabajadora femenina. La procedencia de las mujeres se nutría de las zonas rurales que expulsaba mano de obra sobrante y a la vez libraba a las familias numerosas de un boca que alimentar. La extensión de esta "profesión" (un tercio de la población activa femenina en los años veinte del s. XX) corre paralela al crecimiento de las clases medias urbanas que necesitan sacar adelante a familias cada vez más numerosas compartieindo los trabajos domésticos entre la esposa y la joven criada venida del pueblo. Los dos estudios más importantes son los de CARRASCO (1991), para el trabajo doméstico del ama de casa que no recibe un salario y el de SARASÚA (1994); con ellos se abrieron vías de análisis nuevas que hicieron hincapié en este tipo de actividad. Por ejemplo Cristina BORDERÍAS ha insistido en el papel de las criadas como motor de la emigración interior, actuando como avanzadilla de una emigración familiar posterior. En la línea de empleo remunerado doméstico y a medio camino entre el ama de casa y éste, podemos citar el estudio que PÉREZ FUENTES (1993) hace del papel de las "pensiones" regentadas por amas de casa en la zona minera que ella ha estudiado, destacando la productividad conseguida y el gasto evitado con dicho empleo . En este libro éste es sólo uno de los aspectos a destacar, pero puede servir muy bien de modelo de análisis de una actividad económica, como es la minería, tradicional oficio de hombres, en que llama la atención del papel de los distintos componentes de la familia desde una perspectiva de género. Como se ve al tratar el tema del trabajo doméstico, de forma irremediable se salta de un lado a otro de los sectores laborales productivos, evidenciando de este modo, la dificultad al estudiar esta actividad atendiendo al criterio exclusivo de la percepción del salario.
En la década de los noventa se ha dado un gran paso en la revisión del valor del trabajo doméstico realizado por las amas de casa a lo que se han dedicado bastantes estudios; se ha procedido a una cuantificación seria y formal que ha permitido evaluar de forma definitiva el cómputo casi total de variedad y cantidad de actividades laborales ejecutadas en el ámbito familiar , cuestionando hasta la raíz la importancia de la productividad total de un país. De la necesidad de cuantificar este trabajo se deriva, -como desde otros ámbitos similares-, la obligación de debatir la importancia de las sacrosantas cifras de los "PIB" que la megaloeconomía tiene tan reputadas. Faltaría ahora insistir, desde la representación del feminismo, en el valor cualitativo de dichas tareas; habría también que encontrar fórmulas que destacaran la cuantía de la formación personal de la prole, el precio de una educación en valores o dicho de otra manera, el ahorro en psicólogos o en terapias colectivas, ya que echamos de menos una denuncia más clara acerca de la explotación laboral de las amas de casa y su contribución real a la reproducción social.
Sin salir todavía del trabajo en el ámbito familiar y dentro de los "empleos de mandil" se encuentran las empleadas del pequeño comercio que compatibilizan las taras de amas de casa con la atención al público en el negocio familiar de una tienda de ultramarinos, panaderías o comercio minorista, en general. El trabajo más significativo en este sentido es el de Gloria NIELFA que ha estudiado el tema dentro de un proyecto más amplio de vida cotidiana en el Madrid de cambio de siglo. En esta actividad resulta especialmente difícil marcar la separación entre ambas dedicaciones y la simultaneidad de tareas es total. Lo mismo ocurre en el caso de los trabajos sumergidos realizados en el hogar familiar, uno de los recursos más extendidos en los momentos de contracción económica y que tiene a las mujeres como principales víctimas, ya que conlleva unas remuneraciones muy bajas y un nulo reconocimiento social. Desde los sindicatos, -que empezaron a interesarse por el tema de la discriminación salarial femenina en los primeros años de la instauración de la democracia-, se han llevado a cabo estudios importantes, como el que se publicó en 1986, fruto de las V JORNADAS DE LA MUJER, La mujer en la economía sumergida.
La vida cotidiana o la vida privada es otra forma de visualizar el papel social de las mujeres. El soporte conceptual se importó de las historiografía francesa y tuvo en
nuestro país una representación pionera con el trabajo de Pilar FOLGUERA, (1989), La vida cotidiana en Madrid. El primer tercio del siglo a través de fuentes orales .
Desde un punto de vista económico y sin salirnos de la temática estrictamente laboral, vamos a hacer una caracterización de estudios llevados a cabo desde la perspectiva sectorial clásica, adaptándola a los modelos de género. A primera vista observamos que el sector Primario tiene mayores lagunas; no se ha emprendido un estudio de carácter general para el caso español que englobe dicho sector, sino análisis regionales, algunos muy particulares y poco representativos por centrarse en una actividad demasiado concreta. Entre los más significativos destaca el llevado a cabo para Andalucía en TRABAJADORAS Y TRABAJOS EN LA ANDALUCÍA RURAL. Situación socio-laboral de la mujer rural en Andalucía. (1994).
En relación al sector Secundario, lo que para los sociólogos son los empleos de cuello azul, en el caso del empleo femenino podemos denominar como "empleos de bata"; se trata de las mujeres que cobran un salario en las industrias fabriles, que surgen en España al abrigo de la industrialización. El peso de la población activa femenina en el sector secundario crece en la medida en que va finalizando el empleo en el servicio doméstico; esto se produce por varias causas: primero por un retraimiento de la natalidad, por una generalización del uso de electrodomésticos familiares y por último por los mejores sueldos y el mayor reconocimiento social del trabajo en las fábricas. Se produce al final de los años sesenta y primeros setenta. Las mujeres comienzan a optar por un trabajo que les permite disfrutar de un tiempo de trabajo (un horario) y un tiempo para vivir, y poco a poco se incorporan a los talleres y fábricas que surgen en las ciudades más industrializadas, Madrid, Barcelona y Bilbao. Ocupan los puestos menos cualificados, tienen jornales más bajos que los varones y además carecen de carrera laboral, sin contar con que se introducen en un mundo laboral marcado por el carácter de género masculino, excepción hecha de las tabaqueras que continúan ostentando la mayoría de puestos en este sector. Los trabajos dedicados a estudiar este sector han contado con la ayuda inestimable de las fuentes orales que han venido a proporcionar la información que las fuentes escritas no recogían. La mayoría de ellos se centran en oficios concretos y en zonas geográficas determinadas: industrias conserveras de Vigo, calzados en Elche, bordadoras, etc. La incorporación del trabajo de las mujeres en el sistema organizativo fordista ha sido estudiado en el caso del textil madrileño por DIAZ (2001), faltando completar el estudio en otros ámbitos geográficos y sectoriales , ya que éste es el aspecto laboral menos trabajado en España.
Los "empleos de cuello rosa", es decir aquellos que tienen que ver con el sector terciario son en los mejor acomodo han encontrado las mujeres de clase media y media- baja. Secretarias, oficinistas y telefonistas, son los oficios más representativos. De éste último debemos citar el trabajo de BORDERÍAS (1993) referido a las primeras telefonistas de principios del siglo XX, el periodo que podemos decir que ha sido más estudiado en el aspecto laboral femenino. Este libro supuso un acicate para otros que se emprendieron a partir de su aparición y un modelo en el manejo de fuentes orales como metodología de análisis. Éste libro analiza, no sólo la actividad laboral de las telefonistas, sino también el modo de compaginarlo con el trabajo dentro del hogar y a la vez está atento a la formación de la identidad femenina en este contexto.
Las maestras y el trabajo docente han sido insuficientemente estudiado hasta ahora; un avance lo supuso hace años la aproximación al tema por parte de ANADÓN y FERNÁNDEZ VALENCIA en relación a la Escuela Normal de Magisterio de Madrid , así como el ya clásico de FLECHA (1996), pero habría que ampliar los estudios en relación a la importancia de las maestras en el cambio social.
Los trabajos desempeñados por mujeres en la administración del Estado han sido estudiados en un interesante trabajo a cargo de FRANCO (1981), apuntando dos periodos claves para la entrada de mujeres en la Administración Pública, 1910 y 1918, desde entonces éste ha sido el refugio más seguro para la mano de obra femenina de cualificación media y aquel en donde menos discriminación salarial existe . En cuanto al trabajo de las profesionales citamos los estudios de ORTIZ, como modelo de análisis de las mujeres médicas, matronas y profesionales de la medicina.
El balance de publicaciones enumerados hasta aquí deja algunas lagunas, pero muestra también el camino recorrido y las perspectivas a seguir. Quizás la carencia más importante se deba a la ausencia de un debate teórico que clarifique la situación y se detenga en la especificidad del caso español, ya que tiene a nuestro parecer, unos rasgos diferenciales distintos al entorno hegemónico europeo. En esta línea cabe citar los estudios de LLONA, y sobre todo UGALDE, que se colocan desde una visión regional y nacionalista que cada vez cuenta con una mayor dedicación por parte de las investigadoras.
NUEVAS PERSPECTIVAS.-
Por otro lado hay que señalar que en el panorama nacional se vislumbra un camino, que se aventura fructífero, en dirección a cuestionar la validez de las fuentes históricas, sobre todo de las oficiales y estadísticas, las que precisamente más predicamento han tenido hasta ahora. En la línea apuntada al principio de esta intervención, sobre la necesidad de precisar de forma contable la producción económica de las mujeres, se ha llegado a cuestionar la validez de las cifras oficiales. Existe ya un plan puesto al día que estudia y evalúa las Encuestas de Población Activa (EPAS). La ponencia que se presentó en las Jornadas sobre Tiempos, trabajos y género a cargo de las profesoras CARRASCO, ALABART, DOMÍNGUEZ Y MAYORDOMO titulada "Hacia una nueva metodología para el estudio del trabajo; propuesta para una EPA alternativa", es la consecuencia de un proyecto sobre "Medición y valoración del trabajo familiar doméstico" que se llevó a cabo durante los años 1999 y 2000, sufragado por el Instituto de la Mujer y en ella se exponían las razones por las que hay que ampliar las bases de análisis para evaluar la población activa. En efecto hay muchos elementos, por ejemplo las jornadas laborales amplias, las horas extra, etc..., que no se pueden entender sin tener en cuenta que hay un trabajo de mantenimiento que se está llevando a cabo en el hogar: el trabajo doméstico, sin el cual no se podría realizar lo primero. A modo de conclusión este grupo de investigación destaca "la persistencia de desigualdades entre mujeres y hombres en relación a los trabajos y las diferencias entre las propias mujeres al trabajo familiar doméstico, según su posición en el ciclo vial (y los niveles de renta). La participación laboral de las mujeres fundamentalmente es reflejo de la estructura y división del trabajo familiar doméstico, pero a su vez es difícil una mejor distribución de este último sin una transformación de la organización del trabajo de mercado" .
Siguiendo esta línea argumental las deficiencias en los modelos de análisis contables se pueden aplicar también a los tipos cualitativos de estudio. La importancia en destacar como se merece la función social del trabajo de las mujeres a través de la historia, no radica sólo en estudiar los aspectos olvidados o poco tratados en los manuales al uso, esto con ser necesario no es suficiente. Más bien el esfuerzo debe recaer en la ampliación de los modelos de análisis y jugar con el doble argumento de combinar paradigmas teóricos y empíricos desde una perspectiva de género que impregne todo el discurso. Esto puede llevarse a cabo en la observación de modelos de género femenino y también masculino. Es decir destacar como hay determinados oficios marcados por un carácter fuertemente masculino que pueden bloquear la participación de las mujeres o la determinan en un sentido discriminatorio.
En cuanto a los trabajos que las mujeres desempeñan faltaría en España resaltar cómo, y de qué manera, la actividad laboral influye en la construcción de la identidad femenina, fijando unos modelos de análisis que reforzaran los aspectos teóricos que a su vez servirían para ir avanzando por otras vías. Esto puede verse favorecido por la diversificación de fuentes históricas, entre las que puede dar un especial juego las fuentes orales, como así se ha demostrado en algunos trabajos de gran peso publicados hasta ahora. La diversificación de las fuentes para abordar el tema de las mujeres conlleva una revisión de las categoría de análisis y del valor que se de en la investigación a temas que hasta ahora no eran tenidos en cuenta.
En relación al estudio de la identidad conviene matizar que el abuso de éste, como de otros términos, puede llevar a enmascarar planteamientos globales, que son en definitiva con los que la ciencia histórica avanza. La arbitrariedad del uso de "la identidad", así como el de "cultura" a menudo enmascara las fracturas y los conflictos sociales y caen en particularismos o en aspectos en exceso territoriales que desvía la comprensión del proceso histórico en que están inmersas las mujeres. La "identidad nacional", "de género", "cultura campesina", "cultura republicana"...., son a menudo desplazamientos de la importancia de la clase. El género no debe sustituir a la clase; las mujeres no forman un grupo homogéneo si se aborda desde el punto de vista empírico de la historia. En el caso del trabajo se impone una matización muy clara si lo que queremos estudiar es el trabajo de unas campesinas o de las telefonistas o médicas. Resulta menos relevante si pertenecen a una región u a otra. El interés por la territorialidad apenas añade nada. Entre las mujeres de clase media bilbaína LLONA, (2000) o las médicas estudiadas por ORTIZ (1985-86), hay más semejanzas que diferencias. Falta en España un estudio de las clases medias desde el punto de vista del género, es decir en la representación social de hombres y mujeres, que ayudaría mucho a la comprensión de la ideología burguesa.
El uso polísemico, -a veces-, del término "cultura" no sirve para explicar por sí mismo comportamientos sociales, sobre todo si lo que estamos estudiando es el tema del trabajo. Con frecuencia el tema de la cultura deriva en un estudio local. La preocupación epistemológica de las historiadoras por estar al día en las últimas corrientes académicas, muchas veces propicia el apuntarse a una moda a la que hay que pagar un alto coste: hacer una historia en la línea del "pensamiento débil" o la vieja historia de siempre, pero con otros nombres, eludiendo ocuparse de temas más profundos. La identidad puede acabar cayendo en lo particular, si no se lleva a cabo un proceso de conceptualización y representación social consistente, por eso habría que volver a los orígenes y plantear el tema de la ciudadanía, como un imperativo categórico pendiente en el caso de las mujeres. La ciudadanía supone un concepto más amplio que debe incluir a todas las mujeres desde una perspectiva más general. Supone un nuevo planteamiento de las relaciones hombres/mujeres desde el punto de vista de las responsabilidades familiares, para desde aquí situar al mismo nivel la actividad laboral de ambos sexos, los compromisos sociales y la representación pública. La conciliación del trabajo femenino con las cargas domésticas, no es sólo un problema de las mujeres, es un problema político y por lo tanto afecta tanto a hombres como a mujeres .
La renovación de la historia social, que parece tener la vieja fórmula caducada, debe partir de la incorporación de la historia de las mujeres, uniendo lazos con la sociología, con la arqueología industrial, con la literatura y con las nuevas fuentes (orales y icónicas). La microhistoria puede aportar un a aproximación si está enmarcada en un contesto epistemológico consistente.
El estudio del tema del trabajo debe buscar un marco teórico sólido desde donde volver a mirar la historia de un nuevo modo. Recuperar el concepto de ciudadanía, en lo que tiene de participación política colectiva; volver a pensar en términos políticos cuando nos referimos a temas de mujeres. Eliminar, en fin, toda la moralina con que el sistema impregna las demandas laborales de las mujeres, bendiciendo las soluciones si van encaminadas a conseguir el "bienestar familiar".
La incorporación del trabajo de las mujeres a los análisis sociológicos e históricos, supondrá una renovación de la historia social, no sólo en cuanto a la introducción de un nuevo sujeto y una nueva relación entre hombres y mujeres, sino también en la renovación de la metodología y nuevas fuentes de estudio.
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[15 abril 2003]
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